Estamos atravesando un umbral histórico donde las estructuras que daban forma y previsibilidad al mundo parecen disolverse. Puede observarse con notoria preocupación que no estamos simplemente ante una crisis geopolítica más, sino ante una regresión cuasi metafisica, ontológica: el retorno a una variante tecnocrática y global del estado de naturaleza que muy bien definiera Thomas Hobbes.
He aqui unos pilares de esta transición hacia un mundo donde la auctoritas -autoridad legítima- es devorada por la potestas -poder bruto-.
Del “Contrato Social” al “Estado de Naturaleza” Global
Thomas Hobbes argumentaba en el siglo XVII que, sin un poder común que los mantenga a todos a raya, los seres humanos caen en una “guerra de todos contra todos” (bellum omnium contra omnes). Durante décadas, el orden internacional posterior a 1945 intentó ser ese “poder común” a través de instituciones, tratados y el derecho internacional.
Hoy, ese contrato social global se está rasgando. Lo que vemos no es la ausencia de orden, sino la imposición de un Nuevo Hobbesianismo:
- La erosión de la norma: Las instituciones (ONU, tribunales internacionales, tratados de comercio) ya no son árbitros, sino escenarios de batalla o, peor aún, reliquias ignoradas por las grandes potencias.
- La ley del más fuerte: El realismo político más crudo ha regresado. Si un actor tiene la fuerza suficiente para ignorar la ley sin consecuencias letales, lo hace. La fuerza ya no es el último recurso, sino la premisa principal.
La Crisis de la Intermediación
El corazón de la democracia y del orden internacional es la institución, que actúa como un amortiguador entre el deseo de poder y la acción. Sin embargo, vivimos una era de “desintermediación”:
- En lo político: Los líderes populistas apelan directamente a “la masa”, despreciando los contrapesos (parlamentos, judicatura, prensa).
- En lo internacional: El multilateralismo es sustituido por el transaccionalismo. No se busca lo justo, sino lo ventajoso bajo la amenaza de la fuerza (económica o militar).
“Donde no hay un poder común, no hay ley; donde no hay ley, no hay injusticia. La fuerza y el fraude son, en la guerra, las dos virtudes cardinales”. — Thomas Hobbes, Leviatán.
El Leviatán Digital y la Post-Verdad
A diferencia del siglo XVII, este nuevo hobbesianismo cuenta con una herramienta que Hobbes no pudo imaginar: la algoritmización de la realidad.
Las instituciones pierden su respeto porque la noción de “verdad compartida” ha muerto. Sin hechos comunes, no puede haber leyes comunes. El “más fuerte” hoy no es solo quien tiene más tanques, sino quien tiene la capacidad de saturar el espacio informativo, destruyendo la reputación de las instituciones hasta que estas caen por su propio peso de ilegitimidad.
Consecuencias de la Desinstitucionalización
El resultado de este proceso es una vulnerabilidad sistémica. Cuando las instituciones mueren, el ciudadano y las naciones pequeñas quedan desprotegidos. Entramos en una fase de:
- Incertidumbre Radical: Las alianzas son volátiles y dependen del humor del soberano de turno.
- Rearme Moral y Militar: Si la ley no me protege, solo mi fuerza puede hacerlo. Esto genera un círculo vicioso de desconfianza.
Conclusión: ¿Hacia una Nueva Ilustración?
El diagnóstico es severo: estamos volviendo a una selva sofisticada. Sin embargo, la historia nos enseña que el caos hobbesiano suele ser el preludio de una nueva búsqueda de orden. La pregunta no es si el viejo orden morirá —ya lo está haciendo— sino si seremos capaces de redactar un nuevo contrato social que limite el poder de los nuevos Leviatanes (estatales, corporativos y tecnológicos) antes de que la vida vuelva a ser, como decía Hobbes, “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”.
Continuando con nuestro análisis ahora profundicemos en este fenómeno de desinstitucionalización, dividiéndolo en la gran escala de la geopolítica y su aterrizaje en nuestra región.
El Choque de Leviatanes: El Nuevo Hobbesianismo entre las Potencias
En el plano de las grandes potencias (EE. UU., China, Rusia y, en menor medida, la UE), el “Nuevo Hobbesianismo” se manifiesta como una transición del orden basado en reglas al orden basado en capacidades.
- La “Armonía” como ilusión, la Interdependencia como arma: Durante la globalización, se pensó que el comercio domesticaría a los Estados (la paz perpetua de Kant). Hoy vemos lo contrario: la interdependencia se ha “militarizado”. El control de microchips, energía o rutas comerciales se usa como un garrote. Las potencias ya no buscan convencer en foros multilaterales, sino coaccionar a través de la asfixia económica o tecnológica.
- El Ocaso de los Árbitros: Instituciones como la Organización Mundial del Comercio (OMC) o el Consejo de Seguridad de la ONU están en cuidados intensivos. Las potencias han decidido que “el juez” les estorba. Si una sentencia no les favorece, simplemente la ignoran o bloquean el nombramiento de jueces. Esto es hobbesianismo puro: el soberano no reconoce autoridad por encima de sí mismo.
- Minilateralismo vs. Multilateralismo: Ante el fracaso de las instituciones globales, las potencias crean “clubes de amigos” (AUKUS, BRICS+, Quad). No son instituciones de derecho universal, sino alianzas de fuerza. Es la lógica de las facciones en el estado de naturaleza: grupos que se unen no por la justicia, sino para ser más fuertes que el bando contrario.
El Impacto en América Latina: Fragilidad y “Alineamiento Activo”
Para América Latina, este escenario es particularmente peligroso. Si el mundo vuelve a la ley del más fuerte, las naciones con instituciones débiles y menor peso militar quedan en una situación de extrema vulnerabilidad.
- El Efecto Espejo (Degradación Institucional Interna): Existe un “contagio” retórico. Cuando los líderes latinoamericanos ven que las grandes potencias desprecian los tratados y las cortes internacionales, se sienten legitimados para hacer lo mismo a nivel interno. El desprecio por la división de poderes, el ataque a los órganos electorales y la justicia son la versión doméstica del desorden global. “Si el mundo es una selva, yo seré el león en mi territorio”.
- La Trampa de la Relevancia (Commodities vs. Soberanía): América Latina vuelve a ser vista no como un socio político, sino como una despensa de recursos estratégicos (litio, alimentos, agua, petróleo). En un mundo hobbesiano, las potencias no vienen a “invertir en el desarrollo”, vienen a asegurar suministros. Esto presiona a los gobiernos locales a saltarse estándares ambientales o derechos democráticos para satisfacer al “patrón” de turno (sea Washington o Pekín).
- El No-Alineamiento Activo como Supervivencia: Los países de la región se enfrentan a una presión brutal para elegir bando. El riesgo es que América Latina se convierta nuevamente en un tablero de ajedrez para potencias externas (como en la Guerra Fría), donde los conflictos ajenos se pelean en suelo propio. La debilidad de nuestras instituciones regionales (OEA, CELAC, UNASUR, que están fragmentadas o paralizadas) nos deja sin una “espada común” para negociar en bloque.
Reflexión Final: El Ciudadano Desprotegido
La conclusión es amarga: el fin de las instituciones es el fin de la predictibilidad. En América Latina, donde la ley siempre ha sido un “ideal” a veces lejano, la llegada de este hobbesianismo global valida el autoritarismo y el transaccionalismo más crudo. Si las potencias demuestran que la fuerza es el único lenguaje que importa, el ciudadano común en México, Brasil o Argentina queda doblemente huérfano: su Estado nacional se debilita frente al exterior, pero se vuelve arbitrario frente al interior.
Estamos ante una “marginalidad del caos”, donde el mayor riesgo no es solo la pobreza económica, sino la irrelevancia política en un mundo que ha dejado de creer en los contratos para volver a creer únicamente en los colmillos.
